En el lugar donde se asienta la hacienda San Antonio se preserva el hábitat natural para albergar fauna y flora centenarios.

Sobre ella se ve la fachada principal de la Casa del Encargado.
Se aprecia la Casa de Máquinas, en donde hasta 1980 se raspaba (desfilaba) el henequén cosechado en las tierras de la Hacienda y los vecinos ejidos.
Frente a la majestuosa fachada ecléctica de la Casa Principal al centro de la plaza interior de la Hacienda, los Condes de Miraflores plantaron dos algarrobos, hoy majestuosos e imponentes, y abrieron un estanque para sus patos.
En este costado del casco se erigió hacia 1920 la capilla de la Hacienda, para dar cabida a su santo patrono, San Antonio de Lisboa, mejor conocido como San Antonio de Padua.
Este espacio evoca el gusto afrancesado de los dueños de las haciendas yucatecas durante la ‘Belle Époque’.
Dos hileras de palmeras, plantadas en 1997 en lo que era el secadero de henequén, conducen a la antigua bodega.